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Artículos de opinión
Incluye desde informes sobre temas o acontecimientos actuales de
NA hasta trabajos bien documentados sobre los comienzos de NA en un área,
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Experiencias personales de recuperación, entre 500 y 2.000
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Parábolas
Se trata de trabajos de ficción en los que el autor ilustra
un principio espiritual o algún tipo de lección relacionada
con la recuperación. Tamaño máximo: 1.500 palabras.
Humor y “Últimas risas”
“Últimas risas” es un boletín de NA de recortes (que
incluye material de la revista NA Way), fallos de lectura de la
literatura de NA oídos en acontecimientos de nuestra confraternidad,
etc. Otros artículos de humor pueden ser una lista de “los diez
principales”, una parodia sobre la literatura de NA, un cuestionario de
respuestas múltiples, etc. Tamaño máximo: 1.000 palabras.
En honor a nuestros cuarenta y cinco años, le hemos pedido a algunos miembros antiguos que comparen NA cuando llegaron con la forma en que es ahora. Nos contaron con mucho gusto cómo era NA en «los viejos tiempos» en California, Australia y Pennsylvania.1 Esperábamos encontrarnos con que esas comunidades de NA eran muy desorganizadas, poco instruidas en las Doce Tradiciones e incapaces de proporcionar ningún tipo de servicio, pero nos sorprendió enterarnos de que no siempre era así. Además de pedirles a estos miembros que nos contaran sus recuerdos sobre los primeros tiempos en recuperación, les preguntamos cuál creen que es el próximo paso que debería dar NA y en qué aspectos le falta madurar. Como verán, se mostraron de lo más dispuestos a compartir sus ideas.
Como reconocerá la mayoría, hemos madurado como confraternidad pero mantenemos un espíritu joven. Seguimos siendo receptivos y estamos dispuestos a dar grandes pasos que garanticen nuestro crecimiento durante otros cuarenta y cinco años.
R: Desde 1961, pero empecé a ir a grupos en 1959, sólo había una reunión.
P: Tu historia personal en el Texto Básico justamente se llama «Encontré la única reunión de NA del mundo», ¿pero cómo la encontraste? En aquella época no había un teléfono de ayuda, ¿no?
R: No fui yo, sino mi esposa la que encontró NA. Estaba buscando ayuda y alguien le dio el número de Jimmy. Así que me pasó la información de lo que estaba pasando por ahí (en el Valle de San Fernando). Para mí era como el extranjero. Si salía del barrio South Central, estaba perdido.
En aquella época no había ningún lugar al que pudieran ir los adictos. Estaba Lexington, Ft. Worth y había un par de médicos que intentaban poner en marcha programas, pero había que desembolsar un montón de dinero sólo para cruzar la puerta. Tenían muchas idea locas sobre lo que era la drogadicción y cómo curarla.
Así que fui a esa reunión y me encontré con gente leyendo un libro y hablando de mantenerse limpia, en realidad de mantenerse sobria y limpia. No había mucha gente, por lo general unas diez personas; una reunión grande era una de veinte. La mitad, casi siempre, solía ser de AA, del Norte de Hollywood, e iba a ver qué hacían esos adictos.
P: ¿Compartían en esas reuniones?
R: Por lo que ellos compartían, para mí los pasos no tenían ningún sentido, pero a pesar de todo los leía y los oía. No había mucha gente que pudiera hablar de los pasos, además de Jimmy y algunos de esos visitantes (de AA). La mayoría era lo que llamaban «adictos dobles». Eran alcohólicos, miembros de AA, pero también habían tomado drogas.
Había gente con la que podía hablar, gente a la que podía preguntar qué consumía. En aquella época, era muy importante. Teníamos que saber si uno era un «adicto terrible de verdad» o uno de esos que no valía nada. Siempre estábamos subestimando la adicción de los demás. Uno tenía que tener «credenciales».
P: ¿Se trataba sobre todo de adictos a la heroína?
R: Todos eran adictos a la heroína. Había algunos enganchados a las pastillas, pero éstos también tomaban heroína. Algunos adictos probablemente se largaban pensando: «bueno, yo no estoy tan mal», después de oírnos hablar. Pero muchas de las cosas eran pura exageración.
P: ¿Los miembros aceptaban sin problemas que los adictos fueran drogados a las reuniones?
R: Sí, sólo les decíamos que intentaran que no se les notara mucho. Por lo general, tampoco estábamos muy seguros de si podíamos beber o no. Me refiero que, para mí, el alcohol no era una droga.
P: ¿Y Jimmy te aclaró las cosas?
R: No, Jimmy no forzaba nada.
P: ¿No le decía a nadie que no estaba limpio si bebía?
R: No, nunca le dijo a nadie que no estuviera limpio.
P: ¿Cómo fue entonces que los miembros de NA entendieron que el alcohol era una droga?
R: Eso sucedió mucho más tarde, cuando empezamos a comprender un poco el concepto de enfermedad. También trabajábamos muy estrechamente con alguna gente no adicta, como Dorothy Gildersleve [una asistenta social], el doctor Lewis Quick y el juez Emerson. Constantemente nos mandaban gente que necesitaba ayuda, así que estaban siempre en contacto con nosotros. Se las arreglaron para que comprendiéramos que uno no estaba limpio si bebía. La gente llegaba pensando que podía beber, pero no le duraba mucho.
Aprendimos de la experiencia. Creo que en aquella época violamos todas y cada una de las tradiciones. Para nosotros no significaban nada; las confundíamos, las manipulábamos, las eliminábamos o lo que hiciera falta. Y nos funcionaba... hasta que dejó de funcionarnos.
P: ¿Así que las tradiciones estaban colgadas en la pared?
R: Sí, pero eran las tradiciones de ellos.
P: ¿Y cómo hacían para violar las tradiciones?
R: Hablábamos de Alcohólicos Anónimos, hacíamos cosas con ellos. Sin su ayuda, muchas cosas no se habrían hecho, especialmente en relación a las instituciones. Tengo una carta de Tehachapi [una institución penitenciaria] que habla de reuniones mixtas, AA/NA, el anonimato muchas veces no existía.
P: ¿Y el dinero? ¿Se aceptaban contribuciones externas?
R: Aceptábamos dinero de cualquiera que lo tuviera. [Risas] Por aquel entonces no había mucho dinero circulando por ahí. No, en realidad, tuvimos que aprender a devolver dinero. Algunos lugares nos mandaban dinero por «la gran labor que están haciendo, bla, bla, bla», así que les enviábamos una carta y les devolvíamos el dinero. Nos autofinanciábamos lo mejor que podíamos, pero la mayor parte de las veces no teníamos fondos. Imprimíamos casi todo el material a crédito. El dueño de la imprenta era una persona del programa (del programa de AA), pero durante años nos imprimió el material y le pagábamos de a poco. Nunca llegamos a deberle demasiado. Nuestras facturas no pasaban de doscientos o trescientos dólares al año.
P: ¿Y qué se imprimía?
R: Sólo el Librito Blanco.
P: ¿En 1961?
R: Sí, a principios de los sesenta, más o menos. Después tuve que cumplir condena en Tehachapi, por algunos desastres pendientes, y abrí una reunión en la cárcel en 1961. Pero ahí también de alguna manera nos amparábamos en la cosa institucional de AA.
P: ¿Se usaba literatura de AA?
R: No, Jimmy nos mandó unos Libritos Blancos, unas pautas para organizar una reunión, ese tipo de cosas. En fin, ése fue el primer grupo institucional que tuvimos dentro, y había gente interesada en la recuperación o, al menos, en conseguir el papel que necesitaban para salir de allí. [Risas]
P: ¿Era una ayuda para obtener la libertad condicional?
R: A veces. A mí, por ejemplo, no me la facilitó, pero bueno... Solíamos pedirle a AA que nos ayudara a entrar un poco de literatura y por lo general nos dejaban ocuparnos de la mitad de la reunión.
P: ¿Había muy poca severidad en la interpretación de las tradiciones?
R: Bueno, como ya he dicho, por entonces no comprendíamos las tradiciones.
P: Parece que los miembros de AA tampoco.
R: A lo mejor las sabían pero no les importaba.
P: Cuando saliste, ¿ya había más reuniones?
R: Sí, tres.
P: ¿Todas en el Valle de San Fernando?
R: No, una en Hollywood, que era importante porque se trataba de la única dentro de la ciudad. La gente empezaba a asistir a las reuniones. Se convirtieron en una opción para no ir a la cárcel. No es que los funcionarios encargados de la libertad condicional estuvieran de nuestra parte, porque no lo estaban. Todavía pensaban que podían resolver el problema del adicto. Yo tuve muchos problemas con el funcionario que se ocupaba de la vigilancia de mi libertad, porque quería hacer las cosas a mi manera. No consumía, pero decía cosas muy locas. Aún tenía problemas con la autoridad. «Estoy haciendo lo que tengo que hacer -pensaba-. Doy negativo en los análisis, trabajo, no salgo y voy a esas reuniones», pero él no quería que fuera a la reuniones.
P: ¿De modo que los funcionarios de prisiones y judiciales estaban preocupados en esa época por la reuniones de adictos?
R: Sí, NA no tenía credibilidad. Además, reunirse con otros adictos o compinches era una violación de la libertad condicional. Tuve dificultades durante dos o tres años con el departamento de libertad condicional. El funcionario me decía: «Bueno, voy a encerrarte a ver si cambias de actitud».
P: ¿Y lo hizo?
R: Sí.
P: Es terrible. ¿Te encerraron por ir a las reuniones?
R: Sí, pero en la cárcel llegué a creer; así
que en realidad me hicieron un favor.
Así que en NA organizábamos las cosas más o
menos como nos parecía. No teníamos un gran sistema de archivo,
ni oficina. Como el teléfono más estable probablemente era
el de Jimmy, la gente lo llamaba a él.
P: ¿Y las decisiones en NA las tomaban los que estuvieran en aquel momento?
R: No, teníamos lo que llamábamos una organización madre, que consistía en los secretarios y tesoreros de las dos o tres reuniones.
P: ¿Un representante por cada una?
R: Sí.
P: ¿Una especie de mini CSA?
R: Sí, éramos unos diez. En cuanto al servicio, tratábamos de mantener un servicio de atención telefónica privado, que respondía las llamadas y después llamaba a una lista de miembros de NA para ver quién vivía cerca y podía acudir a hacer un Duodécimo Paso.
P: ¿Así que se iba muy a menudo a hacer un Duodécimo Paso?
R: Sí, mucho. Hacer un Duodécimo Paso era todo un acontecimiento y acudían dos, tres y hasta seis personas porque nunca sabíamos lo que íbamos a encontrarnos. A veces pasaban cosas bastante raras, había drogas o pistolas sobre la mesa, un tipo completamente paranoico y su madre o él gritando asustados, o cualquier cosa. Pasaban muchas cosas locas, pero íbamos de todas formas. Salíamos, enganchábamos a uno, lo metíamos en el coche, lo llevábamos a una casa, lo sentábamos y le hablábamos toda la noche. Parece que en aquella época había un montón de miembros de NA que no trabajaban.
P: ¿Solían sentar a esa gente y pasarles el mensaje?
R: Sí, y tampoco los dejábamos irse, al menos durante unos días. No había muchos lugares a donde llevarlos a desintoxicarse, así que a veces teníamos que quedarnos con ellos y nos íbamos turnando.
P: Supongo que ellos estarían dispuestos, ¿no?
R: Bueno, a lo mejor no estaban muy dispuestos que digamos, pero tampoco sabían qué otra cosa hacer. Nuestra postura era «si no quieres ayuda, no llames».
P: ¿Así que los desintoxicaban y después los soltaban? ¿Algunos se quedaban y otros no?
R: Así es. Algunos de nosotros les dábamos una caja de cerillas y les decíamos: «Anda, ve a quemarte si quieres. Y no vuelvas si no te lo tomas en serio». Creo que por entonces eso se hacía mucho más. Era bastante duro. Creo que la forma en que empezamos a dejarlo fue que, cuando aumentó la necesidad, tuvimos que preparar material escrito sobre cómo organizar una reunión, las tradiciones o lo que queríamos hacer: ayudar a los adictos a mantenerse limpios. Hacía falta el típico trabajo de comité para que se empezara a correr la voz [sobre NA].
En los años sesenta, además, hubo un cambio radical en la concepción [de la sociedad] de cómo tratar a los adictos. Estaba el Centro de Rehabilitación de California y ese tipo de organizaciones que también hacían un programa de radio. Solían venir al aparcamiento, a la salida de las reuniones, a entrevistarnos. Lo que nos dio la oportunidad de explicar lo que era y lo que no era NA. Así que empezamos a salir más o menos un vez por mes en una emisora de radio que recibía llamadas de los oyentes. Después de uno de esos programas, la gente aparecía en las reuniones porque nos había oído por radio.
P: ¿Cuándo empezaste a ver otra gente, además de los adictos a la heroína, en las reuniones?
R: Más o menos en el 63, 64. Era la época de los flower children [niños de las flores] y llegaban a montones, tomaban de todo. Así que nos dijimos: «Tendremos que tolerarlo. Se trata de drogas. Están locos, no tienen sano juicio». Y veíamos que les funcionaba. La gente se mantenía limpia. Crecimos mucho a partir de aquello. Los funcionarios que vigilaban la libertad condicional nos mandaban gente. Y también había gente que hacía trabajo social y que era amiga de NA, por así decirlo.
De ahí procedían nuestros primeros custodios. Decidimos que necesitábamos algunas personas que no fueran adictas y pudieran actuar como asesoras. La mayoría eran trabajadores sociales. Era un buen intercambio. Nos decían cosas que teníamos que hacer o cómo teníamos que formarnos para hacer determinadas cosas. No sabíamos nada, éramos una manada de burros.
P: ¿Cómo crees que NA ha madurado en conjunto?
R: Pienso que aceptamos mejor el hecho de que haya gente que sepa hacer determinado trabajo. Somos muy ejecutivos; formamos parte de la sociedad, no somos marginales. Durante muchos años no tuvimos reconocimiento ni formábamos parte de nada. No empezamos a tener ningún tipo de reconocimiento hasta principios de los setenta.
P: ¿Qué pasó en aquel momento?
R: Creo que empezamos a crecer: la explosión en California del Norte, después Colorado, Australia, Inglaterra, Filadelfia... La gente comenzó a enterarse de que había un lugar en el que podía dejar de consumir y mantenerse limpia. Y la oficina se convirtió en algo muy importante. Antes de que abriéramos la oficina, sólo teníamos un contestador automático y un apartado postal. El tiempo que se tardara en contestar las cartas dependía de quién iba al correo o quién tenía la llave.
P: ¿Eso era lo más centralizado y estable que teníamos?
R: Sí, esa era nuestra Oficina de Servicio Mundial.
P: ¿El mundo en una casilla de correos?
R: Tal cual. Yo llevaba la correspondencia en el maletero de mi coche hasta que encontraba a alguien que pudiera contestarla.
P: ¿Qué nos queda por hacer? ¿En dónde tenemos aún que madurar?
R: Tenemos que informar a la confraternidad sobre los servicios mundiales. Los miembros no tienen idea de lo que está pasando en la Conferencia de Servicio Mundial. Ni siquiera tienen idea de por qué existe la conferencia.
R: Así es.
P: ¿Cuántas reuniones de NA había en aquella época?
R: Bueno, estaba en un centro de tratamiento e íbamos a reuniones de NA, pero como no había muchas, el centro tenía dos reuniones de NA por semana.
P: ¿Reuniones dentro? ¿Estaban abiertas a todos los miembros de NA?
R: Sí, venía la comunidad local de NA y organizaban las reuniones. Así que dejé de consumir con ese grupo de gente, el que venía a nuestras reuniones. Eran los mismos que veías en todas las reuniones. También íbamos a otras reuniones...
P: No hay problema, puedes decir que ibas a AA.
R: Iba a decirlo. Íbamos a muchas reuniones de AA porque había reuniones de AA por todas partes, todas la noches y NA era muy joven. El centro de tratamiento estaba en el Oeste de Los Ángeles, así que nos metíamos en un coche y viajábamos durante una hora hasta un barrio llamado El Monte, al que nunca había ido, porque era allí donde estaba la otra reunión de NA. También había una reunión en Crenshaw y otra en Hermosa Beach.
Y eso era todo, esa era nuestra comunidad de NA. No teníamos tres o cuatro reuniones de NA cada noche para elegir. Muchas veces no teníamos medio de transporte, así que teníamos que ir a algún lugar cerca y llamar para poder llegar a la reunión. También íbamos a muchas reuniones de AA.
P: Recuerdo que en una vez, en una reunión de oradores, dijiste que habías empezado tu recuperación en AA y le preguntaste a los «puristas» que tenían problemas con eso si querían que te fueras y empezaras de nuevo.
R: Así es. Muchos veteranos tuvieron malas experiencias con AA en aquellos tiempos, pero yo tuve una experiencia totalmente positiva. El centro de tratamiento mandaba montones de adictos a las reuniones de AA y la gente nos quería. Imagínete, un montón de recién llegados jóvenes y ellos eran..., bueno para nosotros parecían personas mayores; seguramente tendrían la misma edad que tengo yo ahora. Nos daban la bienvenida, nos pedían que volviéramos y no se preocupaban demasiado por el vocabulario. Recuerdo que levantaba la mano y hablaba sobre drogas y adicción. Sencillamente nos aceptaban y nos animaban. De esas reuniones sólo recuerdo apoyo amable y positivo.
También estaba el problema de la literatura de NA... casi no había nada. Teníamos el Librito Blanco y nada más. Todos nosotros usábamos el Libro Grande de AA y el Doble Doce. Creo que tuve mucha suerte. Tuve una madrina que trabajaba mucho los Doce Pasos y practicaba mucho el Duodécimo yendo a hospitales todos los fines de semana.
P: ¿En aquella época no había mucha experiencia en la comunidad de NA con los Doce Pasos?
R: No, muy poca. Pero íbamos a reuniones de pasos de AA y reuníamos información: cuestiones básicas, experiencias personales sobre cómo trabajar los pasos.
P: ¿Un adicto nuevo que llega ahora a NA puede conseguir el mismo tipo de madurez que tú tuviste que adquirir yendo a AA?
R: [Larga pausa] A veces. Hablo por mí, pero cuando llegué
al programa, no sabía cómo juzgar a esa gente ni qué
tipo de programa tenían. Tampoco sabía cómo elegir
una madrina. No había folletos que explicaran todo eso.
Tuve que conversar con otras personas que llevaban mucho tiempo
limpias en NA, y algo que todos notamos es que cuando NA de alguna manera
de «separó» formalmente de AA, publicamos nuestro libro
y empezamos a tener nuestro propio vocabulario, tuvo su lado positivo y
pero también su lado negativo.
El lado positivo fue la unidad, la identificación para el recién llegado. Si llega un adicto nuevo y oye diferentes vocabularios de diferentes programas, se confunde.
P: ¿Y el negativo?
R: Se perdió mucha sabiduría, mucha experiencia que aportaban miembros veteranos de AA a gente como yo.
P: ¿Perdimos también miembros de NA que dejaron por completo NA para recuperarse en AA?
R: Muchos miembros de NA empezaron a tener resentimientos contra otros miembros de NA que venían a decirles que tenían que usar un vocabulario nuevo. Leían declaraciones en todas las reuniones sobre lo que decían los miembros. Así que se largaron y se llevaron su recuperación con ellos. Y hablamos de gente que en aquella época tenía diez y quince años limpia.
Yo, de algún modo, adopté la postura de no pelearme con nada. Sentía que debía quedarme en NA por las mujeres que estaban llegando. Si todos nos largábamos... no sólo me defraudaría a mí, sino a las mujeres nuevas que cruzaban la puerta.
Hubo muchas veces en las que tuve ganas de no estar aquí, momentos en los que yo era la única persona en la reunión con cinco años limpia, o la única mujer. Sí, hubo un éxodo.
Nunca oculto dónde recibí la base de mi recuperación. A veces es difícil, como cuando hablo en una reunión y me sale uno de esos lemas o una referencia que está tan grabada en mí. En un momento dado, dejé de preocuparme por eso. No puedo cambiar mi historia. No puedo cambiar de dónde vengo. En fin, me lo trabajé.
A veces venía a verme alguna gente, enojada por lo que NA trataba imponer. Yo intentaba compartir con ellos que NA era nuevo y estaba creciendo. Somos personas falibles, vamos a cometer errores. Si alguien dice algo que te ofende, déjalo, quédate aquí [en NA] y empieza a ser esa fuerza positiva para los recién llegados que entren por la puerta.
P: ¿No ha quedado atrás gran parte de esa hostilidad? Por ejemplo si una recién llegada comparte en una reunión que está limpia y sobria, ya no se oyen silbidos y abucheos.
R: Sí, fuimos de un extremo a otro, y ahora hemos encontrado una especie de punto medio. Creo la que gente es más razonable sobre el tema.
Pienso en los recién llegados de los centros de tratamiento a quienes llevan cada noche a una reunión diferente. No saben lo que está pasando. No tenemos que humillarlos y espantarlos, pero eso era lo que pasaba a principios de los ochenta. Ahora ya no sucede
P: ¿NA entonces ha madurado un poco?
R: Sí, absolutamente.
R: NA no existía.
P: Vives en Melbourne, ¿no? ¿Pasaba algo en Sydney?
R: Sí y no. Había un tipo que usaba el nombre de NA para su centro de rehabilitación y había mucha polémica, empezaba y paraba.
Creo que NA empezó sobre todo en Melbourne. Una de las cosas que he visto de nuestros «historiadores» es que pasan por alto lo que no quieren o lo que no les gusta oír. Puedo contarte cómo empezó NA por aquí, pero no es la historia de unos adictos harapientos y desesperados. Eran todos miembros limpios de AA.
Yo me metí porque iba a las reuniones de AA y me topé con ese libro de Hazelden y pensé: «Está bien. Me pregunto si tendrán más cosas». Así que escribí a Hazelden en 1975. Me mandaron un catálogo en el que había un par de cosas de NA. El Librito Blanco y una guía para familiares de drogadictos.
P: ¿De NA?
R: No, de Familiares Anónimos. En fin, había muchas cosas. Hice un pedido y me llegó. Causó mucha polémica: que era literatura no aprobada, que patatín que patatán...
En fin, en aquella época me puse muy enfermo de tuberculosis y me ingresaron en el hospital. Mientras estaba internado decidí convertirme en consejero voluntario de drogas y alcohol. Parte de mi formación incluía pasar un día entero o medio en todas las instituciones de tratamiento de drogas de Melbourne. Así que fui por todos esos sitios y lo que descubrí fue que no había nada para los adictos que querían parar de consumir ni para los padres que querían ayuda para dejar de sufrir. Sabía de NA y de FA por la literatura que había recibido de Hazelden, así que decidí empezar los dos programas. Le escribí a Jimmy K., que me mandó una carta muy bonita dándome ánimos y la literatura que había en esa época -que era bastante buena-, El árbol de NA y esas cosas.
P: ¿Cuánto tiempo tardaron en contestarte?
R: Me escribieron casi enseguida.
P: Fantástico. Teniendo en cuenta cómo se contestaba la correspondencia en aquella época, me sorprende gratamente.
R: De todas formas, seguía yendo a las reuniones de AA y al grupo de jóvenes de Melbourne y oía a los otros hablar de drogas. Conocí a varias personas y decidimos poner en marcha NA. Sabíamos que NA se abría y se cerraba en Sydney y fuimos a ver a una pareja que había participado. Busqué un lugar para celebrar las reuniones y encontramos uno. Lo que sucedió en realidad fue que Narcóticos Anónimos y Familiares Anónimos empezaron con una semana de diferencia en el mismo lugar. Y, por lo que sé, ése fue el origen de NA, basado en las tradiciones, a partir del cual la confraternidad se extendería por Australia.
P: ¿Qué año era?
R: 1976. Desde mi punto de vista lo interesante es que si no me hubiera hecho consejero... Yo podía hablar perfectamente de mi consumo de drogas en AA y los demás también. En otras palabras, no necesitaba NA para mantenerme limpio y sobrio, y los demás tampoco.
Para mí siempre ha habido un vínculo con FA. Lo que, naturalmente, ha sido causa de ira y resentimiento en otras personas a las que no les gusta esa relación histórica.
P: ¿Por qué crees que no les gusta?
R: Mira, si quieres volverte neurótico con las tradiciones, habla con los miembros de NA, porque hay mucha gente rígida por aquí. No sé cómo hemos sobrevivido, porque sin duda en NA hay un elemento de autodestrucción. Pero bueno, creo que me estoy adelantando...
Así fue cómo empezó. Éramos siete y seguimos siéndolo durante una temporada. El primero que dejó de consumir en NA fue mi padrino de boda.
P: Qué bien
R: Sí, lo llevé a AA y no le gustó. Más adelante se puso peor y lo llevé a NA, y desde entonces está limpio y sobrio. Empezó NA en Bendigo.
P: ¿Qué pasaba en Sydney en esa época? ¿Nada?
R: No, creo que alrededor de 1982, 1983 empezamos a tener grupos que seguían las tradiciones y a crecer en Sydney.
P: Una de las cosas que supongo interesará a nuestros lectores es saber hasta qué punto ha madurado NA. Me has hablado de lo inmaduro que era NA en aquellos tiempos, con las tradiciones en un extremo del espectro y la gente en el otro, que no sabía nada de las tradiciones...
R: Así es ahora; al principio era mucho mejor.
P: ¿Cómo es eso?
R: Era más relajado. Sabíamos básicamente lo que teníamos que hacer y todos intentábamos trabajar por una causa común, pero a medida que NA se fue haciendo más grande empezó a haber más espacio para gente fanática.
P: ¿En qué aspectos crees que NA debería madurar un poco más? ¿En dónde seguimos teniendo problemas?
R: Estrechez de mente, rigidez. Los adictos que lleguen no van a aceptar esa actitud autoritaria tipo «haz-lo-que-hice-yo»: ve a las reuniones, lee el libro, trabaja los pasos...
P: ¿Te refieres a ciertos miembros de NA que no aceptan que la gente busque ayuda extra fuera de NA, como en la terapia o la religión?
R: Un ejemplo perfecto es el de una historieta que vi en el NA Way. Una mujer está hablando por teléfono sobre encontrar alguna otra cosa y la amiga al otro lado de la línea está cada vez más preocupada.
P: Sí, salió en el número de enero de 1998.
R: Casi escribo una carta sobre el asunto.
P: Bueno, ahora no tienes que hacerlo porque te estoy entrevistando para la revista.
R: Creo que esa historieta se burla de la gente que quiere hacer otras cosas fuera de NA. Es una actitud que, en última instancia, provoca división porque refleja intolerancia. Tenemos que respetar a la gente. Cuando nos burlamos de alguien que hace algo que excede nuestra estrechez de miras, no lo respetamos. Me refiero a que lo que se publicó es la norma [dentro de NA]. Cuando me convertí en consejero profesional, hubo muchos prejuicios. Es más, soy ateo y es algo que a alguna gente le ha causado muchos problemas, no a mí como persona en recuperación, sino a los demás. Después dejé de ir a las reuniones. Me hacían la vida imposible en las reuniones y mandaba a mis pacientes a las reuniones. Decían que uno no podía mantenerse limpio sin ir a reuniones. ¡Tonterías!
Cuando era nuevo me lo creía todo. Si querías conocer
un fanático de las reuniones, de los pasos, del trabajo del Duodécimo
Paso, ése era yo. Con el tiempo fui cambiando. Ahora me pregunto:
¿En qué consiste la recuperación? ¿Qué
es la enfermedad? ¿Qué hay dentro de nosotros que se recupera?
Y hay más de una manera de hacerlo.
NA siempre estará renaciendo con gente nueva que madure dentro
de la confraternidad y le inculque su criterio. Pero lo peligroso es la
idea de encerrarse: fuera es malo, dentro es bueno.
No creo que la adicción sea una enfermedad. Para mí es completamente absurdo. Que en 1935 y en 1953 se considerara la adicción una enfermedad era útil, pero ahora sólo es útil si uno quiere estar limpio y quedarse ahí, sin avanzar. Todos conocemos a muchos adictos que están limpios, pero metidos en otras adicciones.
P: O que no hacen ningún cambio fundamental...
R: Exactamente. Otro conflicto [que tengo con la filosofía de NA] es que no tengo Dios. Echa un vistazo a los pasos y verás que en realidad se centran en Dios. Me he pasado mucho tiempo trabajando con gente a la que recomendaba que practicara los primeros tres pasos usando su propia identidad superior, o lo que fuera, para que pudieran llegar a los pasos importantes: el cuarto y el quinto.
Pero seguimos tratando todo esto como si fuera sacrosanto. Si está en el libro, entonces tiene que ser verdad. Yo ayudé a escribir el Texto Básico, no sólo mi historia personal, sino el texto en sí. Fue escrito por seres humanos falibles que ponían lo que sabían en un determinado momento.
P: Iba a decirte que parte de la nueva literatura, en especial las nuevas «Guías para trabajar los pasos», menciona que algunos miembros se sirven de una serie de principios como Poder Superior o como yo superior.
R: Es una buena tendencia, pero cuando te metes en los grupos y llega gente desesperada a la que le dicen: «Esto es lo que tienes que creer», es muy fácil hacer propaganda del modelo de siempre. Los miembros antiguos se han mantenido limpios porque recibían apoyo de la confraternidad. Pero la cuestión es que sólo recibes apoyo si sigues la línea del partido; si no, te condenan, te mandan al ostracismo. Le pasa a la gente nueva. Le pasa a la gente como yo. El amor no es incondicional.
P: ¿Así que piensas que lo que necesita NA es un poco de amor incondicional?
R: Sí, porque es lo que de verdad sana.
R: Había un centro de rehabilitación local muy comprensivo que abrió sus puertas a los adictos. Había tratado alcohólicos durante cinco o seis años y, a finales de los 60, empezaron a tratar adictos. El director creía que los mismos principios que funcionaban para el alcoholismo podían funcionar para la adicción.
En aquella época NA ya estaba en la zona, había dos reuniones por semana y, en Filadelfia, existía con cierta continuidad desde 1969. Hay una pequeña historia muy interesante...
P: Cuéntala.
R: Tiene que ver con la importancia de la literatura. Un adicto del área había ido a una convención de AA en California, en 1969, y conocido a alguna gente que le dijo que había grupos de NA. Le dieron un ejemplar -¡uno solo!- del Librito Blanco. Lo llevó al centro de rehabilitación, se lo enseñó a un amigo terapeuta que trabajaba allí y empezaron una reunión de NA. Lo único que sabían de NA era lo que decía el Librito Blanco.
P: Y era suficiente, supongo.
R: Así es. Y a partir de entonces, la gente que iba pasando por ese centro, al salir abría reuniones en sus comunidades, así que cuando llegué yo, en enero de 1974, había una media docena de reuniones en el Valle de Delaware, que es Filadelfia, y los suburbios de alrededor.
En aquella época además, finales de los 60 principios de los 70, el problema de la droga iba en aumento. Empezaron a surgir muchos centros de rehabilitación que seguían el enfoque de Synanon, comunidades terapéuticas que abogaban por un largo retiro de la sociedad. Muchas de estas comunidades nunca se ocuparon del problema del alcohol en la vida de un adicto.
Entonces entraron en escena el Librito Blanco y las reuniones que dejaban muy claro que el alcohol era un droga. En aquella época era un enfoque muy minoritario. Había centros en los que, después de tenerte un año, trataban de enseñarte a beber socialmente. Te sacaban a pasear por la noche y te enseñaban a beberte una o dos cervezas.
P: Hemos recorrido un largo camino. ¿Y qué pasaba con las Doce Tradiciones? ¿La comunidad de Filadelfia las respetaba? ¿Se hablaba de ellas?
R: Es un tema muy interesante porque todo el mundo iba a AA. A nadie se le hubiera ocurrido, porque se habría considerado una temeridad, tratar de mantenerse limpio sólo con las reuniones de NA. Los miembros de NA simplemente no teníamos el suficiente tiempo limpio. Recuerdo mi primer grupo habitual. Era una reunión grande porque había algo así como doce o quince personas, más o menos el número total de adictos que íbamos a NA.
P: ¿Y eso era una reunión enorme en Filadelfia en 1974?
R: Enorme. Y había alguien por ahí del que se rumoreaba que tenía tres años limpio. Era una cantidad de tiempo extraordinaria. Así que todos íbamos a AA y es algo que a la gente de la confraternidad hoy en día le cuesta entender. Leíamos literatura de AA en la reuniones.
Así que, salvo en nuestra relación con AA, diría que respetábamos las tradiciones. Había una reunión en un centro de tratamiento y el personal insistía en que los adictos de fuera se hicieran un análisis de orina antes de entrar a la reunión. El «intergrupo», como lo llamábamos por entonces, votó no apoyar esa reunión porque era una violación a nuestras tradiciones.
P: Es un tema polémico incluso hoy en día.
R: Pero nunca nos consideramos un «AA en pequeño». Tuvimos nuestra propia personalidad desde el principio. Íbamos a las reuniones de AA para aprender espiritualidad y los pasos, porque los alcohólicos tenían más experiencia con ellos.
P: ¿Dirías que el vocabulario de NA jugó un papel en el desarrollo de nuestra identidad?
R: No creo. Teníamos un identidad muy clara. Teníamos nuestras propias actividades. Teníamos nuestro propio «intergrupo». Teníamos nuestro propio comité de relaciones públicas que trataba de llevar el mensaje, diría que con mucho más empuje que ahora. Teníamos un teléfono de ayuda en Filadelfia instalado en casa de un adicto. Yo diría que la identidad de una confraternidad, separada de AA, es anterior a toda la cuestión del vocabulario de NA. Eso fue algo que no empezó hasta principios, mediados de los 80.
P: ¿Y cómo afectó a la confraternidad de Pennsylvania?
R: Causó muchos problemas. Mucha de la gente que estaba muy comprometida con NA dejó de ir a nuestras reuniones por esa cuestión. La moda de la forma «correcta de hablar» ahuyentó a mucha gente. Pero eso no fue lo primero. Tuvimos un éxodo importante cuando llegó El árbol de NA.
P: ¿De veras?
R: Sí, lo empezaron a difundir en 1977, después de que se aprobara en California. Mucha gente era muy reacia. Resultó ser una minoría, pero era una minoría fuerte e influyente que se resistía a adoptar la estructura de servicio que, sentíamos, nos imponían.
P: ¿Cuál era la estructura de servicio hasta entonces?
R: Muy parecida a la de AA. Teníamos un intergrupo.
P: No sé si todos nuestros lectores están familiarizados con la estructura de AA. ¿Podrías explicarla un poco? ¿Qué hacía el intergrupo? ¿Un representante de cada grupo de NA iba a las reuniones del intergrupo?
R: Sí, y se hacía muy bien. La reunión iba cambiando de sitio para fomentar el interés de otras áreas.
P: Qué interesante. ¿Y se prestaban servicios?
R: Sí, teníamos relaciones públicas y un comité de literatura. Hacíamos nuestra propia literatura. Por lo que sé, el Primer Paso de California decía: «... impotentes ante nuestra adicción» a principios de los sesenta que, probablemente, era lo que decía el Librito Blanco que aterrizó por aquí en el 69. Pero alguien de aquí decidió que debía decir: «impotentes ante la drogas». Fue así durante bastante tiempo y se convirtió en una auténtica polémica. En la reuniones se leía «impotentes ante las drogas» y cuando se empezó a conocer El árbol de NA la gente iba a esas reuniones para decirles a los otros que no eran NA. Además, siempre estábamos tratando de ponernos en contacto con California y nunca obteníamos respuesta. Por entonces tampoco había una confraternidad viable en Nueva York, ni, por lo que sabíamos, en ninguna otra parte. En aquel momento, mucha gente que había sido fundamental en los principios de NA se marchó.
Pero otros se quedaron y tuvieron su recompensa. Ha sido impresionante observar el crecimiento de la confraternidad. Hay que saber comprometerse. Yo diría que la controversia sobre el vocabulario de NA se ha calmado con los años. La gente puede ir a las reuniones y hablar como quiera sin recibir una reacción negativa.
P: ¿Qué otra cosa ha cambiado?
R: Diría que hay otra cosa que ya no se ve en ninguna reunión: hacíamos rifas a partes iguales. [Nota del redactor: en una rifa a partes iguales, se venden números y el dinero que se recauda se reparte a partes iguales entre los organizadores de la rifa y la persona ganadora.]
P: ¡¿¡En una reunión!?!
R: ¿Te imaginas que alguien quiera organizar algo así hoy en día? Sería un escándalo.
P: ¿Qué otras locuras se hacían en NA que ya no se hagan?
R: Fumar en las reuniones. Había café, rosquillas y cigarrillos en todas las reuniones. A nadie se le ocurría que pudiera haber reuniones de no fumadores.
P: ¿Qué más?
R: La gente sabía que si queríamos que este programa arrancara, necesitábamos recién llegados. Alguien harto y con los oídos abiertos era un bien muy valioso. La recaída, también, se consideraba de otra manera. Hoy en día uno podría tener la sensación de que una recaída es simplemente otro día en recuperación. He oído a gente decir en las reuniones que la recaída es algo bueno y otras cosas bastante absurdas. La recaída se consideraba algo muy grave que había que evitar.
P: ¿Crees que se debe a que en la actualidad la gente no toca fondo de una manera tan grave?
R: No lo sé. Creo que hoy en día la gente tiene miedo de guiarse mutuamente. No está bien visto decirle a alguien: «mira, estás cometiendo un error». Está de moda el estilo: «te aceptamos hagas lo que hagas» y esas tonterías. La gente, de vez en cuando, necesita orientación. Cuando llegué a este programa, los veteranos, si pensaban que estabas haciendo algo mal, te lo decían a la cara. Hace un par de semanas estaba en una reunión, y un chico compartía que el alcohol en realidad no era un problema para él y que por lo tanto podía beber. Lo interrumpí y dije que NA es un programa de abstinencia total y no tenía que estar compartiendo en esa reunión. Los demás se enojaron conmigo por lo que dije.
P: Para ti, ¿en qué aspectos NA tendría que madurar un poco más? ¿Cuál sería nuestro próximo paso?
R: Creo que tenemos que llevar el mensaje de NA otra vez al público,
me refiero a que hay que difundir nuestro número de teléfono
y la lista de nuestras reuniones. Básicamente estoy bastante satisfecho
con nuestra situación. Me alegra el interés que está
surgiendo por nuestra historia. Las convenciones me parecen formidables
e increíblemente bien organizadas. Gracias a Dios que hay tantos
adictos con el talento de montar todas esas cosas.
También me gustaría que reconociéramos que
la Confraternidad de NA ya existía en Nueva York alrededor de 1949,
1950. Tengo un ejemplar del acta de constitución de Narcóticos
Anónimos de 1951. También tengo un ejemplar original de «Our
Way of Life-An Introduction to Narcotics Anonimous» [Nuestra forma
de vida: introducción a Narcóticos Anónimos], publicado
en Nueva York en 1951. Sencillamente pienso que debemos ser más
objetivos con nuestra historia. Y no disminuye en modo alguno la contribución
de la gente de California. Yo le debo la vida a ese Librito Blanco que
llegó a la Costa Este. Creo que hablar de las contribuciones de
Danny C. y Houston S. no reduce en absoluto la de Jimmy K. Creo que deberíamos
investigar la relación entre las confraternidades de California
y Nueva York. Puede que haya habido algún contacto entre ambas.
Otra cosa que me gustaría es que de alguna forma volviéramos a atraer a la gente que ahuyentamos con la intransigencia de mediados y finales de los años 80. Tienen mucho que darnos, y, también, tienen mucho que recibir aquí.
Hoy en día es posible dejar de consumir en NA y no tener que
ir a las reuniones de ninguna otra confraternidad. Lo he visto. Es así
de fuerte y grande. Ya no tenemos que tener miedo de disolvernos en otra
confraternidad. Estamos aquí para quedarnos.
Jeff G. de California, en su artículo, dice algo que muchos
miembros de NA pensaban durante su adicción activa, que creía
que no pasaría de los treinta años. Lamentablemente, ha sido
así para muchos adictos. La muerte llegaba pronto y, por consiguente,
las reuniones de NA solían estar llenas de miembros de veinte, treinta
años.
Por suerte, ya no es así. Hay miembros de NA adolescentes y otros que hace años que ya han pasado la edad de la jubilación. Nuestro sueño de que «ningún adicto que quiera recuperarse tenga que morir sin haber tenido la oportunidad de una vida mejor» se vuelto realidad. Hoy en día, los adictos tienen la oportunidad de envejecer.
A medida que lo hacen, cambia la composición de NA. Los miembros mayores pueden ofrecer su madurez, tanto de recuperación como de edad, a miembros más nuevos y más jóvenes. Además, como reflejo de la recuperación de sus miembros, NA se convierte en una organización más madura.
Como queríamos saber qué pensaban algunos de nuestros miembros más veteranos sobre el crecimiento de NA a lo largo de los años, los entrevistamos. Aunque los sentimientos expresados van del orgullo al disgusto, todos tienen ideas de cómo debería desarrolarse NA en el futuro. Sus puntos de vista sobre el pasado de NA nos permiten comprender sus ideas sobre el presente.
¿Qué piensas?
Aunque una parte del NA Way trae artículos encargados especialmente
para el tema monográfico de cada número, hay mucho espacio
para tu contribución (ya sea tu experiencia personal para las secciones
«Compartir» o «Servicio», como artírculos
humorísticos para «Últimas risas», opiniones
o comentarios sobre la revista). Además, nos gustaría que
nos propusieras temas para futuros números monográficos.
Quizás tengas una idea que te gustaría desarrollar en un
artículo de fondo. Nos llegan muchas contribuciones, pero cuantas
más recibamos en la revista de tu confraternidad, mejor podremos
reflejar cómo es NA en su conjunto. Estaremos al tanto de nuestro
buzón.
Cindy T., editora
Fe de erratas: En el número de julio de 1998 apareció
el artículo «Algunas ideas sobre procedimientos» firmado
por David R. En realidad lo escribió Steven R., vicecoordinador
del Comité de Procedimientos de la CSM. Pedimos disculpas por el
error.
Regrese al principio
El Polo Norte está allí, en la punta del planeta (o abajo o a un lado si uno está en el espacio). Nunca lo había visto pero sabía que estaba allí. ¿Qué influencia tiene la existencia del Polo Norte en mi vida?
Ninguna. Absolutamente ninguna. Lo mismo que mi creencia en Dios. Para mí, es interesante ver cómo los adictos parecen transferir a Dios el desagrado que les produce que alguien les diga lo que tiene que hacer. Al menos, para mí era así.
Me rebelaba ante la mera idea de un Poder Superior que esperara algo de mí. Trataba a Dios, tal como lo concebía, de manera egoísta. Le pedía ayuda cuando estaban a punto de detenerme. Lo llamaba asustado cuando pensaba que me estaba muriendo de sobredosis. Las únicas veces que pensaba que a lo mejor Dios quería algo de mí era cuando intentaba hacer algún tipo de pacto cósmico. Por ejemplo: «Muy bien, Dios, si mi novia vuelve conmigo, dejaré las drogas. O llamaré a mi madre todos los días».
Bueno, al menos tenía algunas ideas de lo que Dios quería de mí: nada de drogas, llamar a mi madre. O, en términos más amplios ahora que lo veo retrospectivamente, dejar de ser irrespetuoso con mi cuerpo y mi espíritu, ser menos egoísta, pensar en la persona que me dio la vida. El problema era que no me importaba lo que Dios quisiera. No tenía ninguna relación con Él.
Tuve mucha suerte cuando llegué al programa y oí a
alguien señalar la importancia del Segundo Paso: Llegamos a creer
que Dios podía devolvernos el sano juicio, no que llegamos a creer
en Dios.
Lo único que tenía que creer de Dios era que podía
devolverme el sano juicio. Lo que me hacía falta era establecer
una relación con Él.
Así que empecé. Una de las primeras cosas que hice fue sentarme en un sitio silencioso e íntimo para hablar con Dios. A veces me sentía ridículo, pero lo hacía. Lo que me funcionaba era hablar con Dios como si lo hiciera con un amigo, un amigo que no se aburría nunca, añadiría. Le contaba lo que pensaba, lo que había dicho tal día a tal persona, lo que hacían mis amigos y mi familia y lo que yo pensaba de eso, cómo me sentía, si me gustaba mi apartamento y cosas así.
Descubrí algunas cosas, y creo que a todos los que traten de establecer una relación con Dios les pasará lo mismo.
Primero, a Dios no podía mentirle. Era absurdo hasta intentarlo. Piensa en ello.
Segundo, cuanto más practicaba menos ridículo me sentía, y vi que mi boca empezaba a pronunciar las verdades que mi corazón ya sabía.
Tercero, aunque me enojara, Dios no me abandonaría.
Mis conversaciones con Dios empezaron a ser muy introspectivas. Para
mí nunca ha habido gran diferencia entre oración y meditación.
Escucho, hago mi inventario, pido cosas, sobre todo saber la voluntad de
Dios para conmigo.
¿Qué he descubierto sobre la voluntad de Dios para
conmigo?
Creo que quiere que viva según los principios de los Doce Pasos de Narcóticos Anónimos, que parecen incluir todos lo que me convierten en una buena persona: honestidad, humildad, generosidad, sensibilidad, conciencia. Los pasos nos enseñan a vivir.
Seguiré aprendiendo.
Sam B., Illinois
¡Qué sorpresa! Pasó 1977, después el 78 y así sucesivamente. Y aquí estoy, en 1998, camino al fin del siglo, del milenio... ¡viendo llegar el día en que se romperán todas las computadoras! ¿Qué puede hacer un pobre adicto en recuperación de cincuenta y un años, tendencias atléticas y un cuerpo que resiste? Que se entusiasma terriblemente con candidatas que van de pocas a ninguna, que paga sus cuentas, pero con un Lexus... ¡increíble!
¿Cómo, o lo que es más importante, dónde
puedo hacer mi inventario? ¿Hay sitio para que envejezca en NA?
O, como decía John Lennon, «¿Seguirás necesitándome,
seguirás alimentándome cuando tenga sesenta y cuatro?»
La juventud mueve el mundo. Y esto también es válido
para NA. La persona más importante en cualquier reunión es
el recién llegado («recién llegado» ya es una
metáfora de «joven», aunque, la verdad, es que que la
mayoría de los recién llegados son literalmente jóvenes).
Los servicios de NA reciben preguntas sobre reuniones para jóvenes,
actividades para jóvenes, etc. Me parece bien, es el orden natural
de las cosas... ¿Pero qué pasa con nosotros, los «dinosaurios»?
(Me refiero a los «dinosaurios» también como metáfora,
no sólo a los mayores de cuarenta, sino también a los que
llevamos más de diez años limpios.) Me gustaría mencionar
algunos de nuestros deseos, necesidades y limitaciones.
Quiero ir a una reunión una vez por semana en la que alguien comparta que su hijo quiere un coche nuevo y ni siquiera sabe cambiar el aceite del que tiene. Me gustaría oír a una mujer hablar de sus inseguridades cuando tiene una cita por primera vez a los cuarenta y pico a la que tiene que ir sin consumir nada antes. Me interesaría saber cómo se las arregla un adicto con hepatitis C con su seguro médico para recibir la atención apropiada. Me gustaría oír a un padre orgulloso compartir que su hijo o hija ha terminado el colegio secundario. Quisiera sentirme cómodo hablando de situaciones íntimas que aparecen en la mediana edad y con las que nunca había tenido que tratar, pero que ahora son muy importantes. Desgraciadamente, en la mayoría de las reuniones no me siento cómodo.
Todo esto también tiene otro lado, un lado muy positivo. Me gustaría ir a una reunión una vez por semana donde se compartiera sobre distintos tipos de meditación y los miembros de NA explicaran sus éxitos y fracasos sobre este tema. Me gustaría escuchar a más gente hablar sobre los éxitos de servicio y compartir los secretos y las técnicas aprendidos a lo largo de los años para el mejor desempeño del compromiso de servicio. Quisiera una dosis saludable de experiencias de mis semejantes, para quienes la obsesión por consumir drogas ha desaparecido hace tiempo y ahora se enfrentan con otros problemas de la vida que ocupan un lugar relevante y para los cuales necesitan rendición , aceptación y oración.
No quiero que nadie me malinterprete. Para mí no hay nada, repito, nada más conmovedor e importante para mi recuperación que oír a un recién llegado compartir que ha captado el mensaje: que no tiene por qué volver a consumir. El entusiasmo que genera es la savia que mantiene viva nuestra confraternidad. Sólo se trata de que mis necesidades han aumentado con la recuperación y la edad.
También necesito buscar ayuda y orientación con otros aspectos de mi vida. Sé que algunos grupos han estructurado el formato para facilitar las cuestiones que acabo de compartir. Conozco un grupo en el que se sugiere que sólo compartan los miembros con más de cinco años limpios y se invitan oradores con más diez. Todos los adictos, no hace falta decirlo, son bienvenidos. Otro grupo tiene una reunión aparte una vez por mes para que compartan los miembros con más de cinco años limpios. Las otras semanas, hay reuniones de participación sin restricciones. Son algunas cosas que se han hecho para intentar que las reuniones resulten más útiles a los miembros que llevan tiempo limpios. Me gustaría saber si hay otras cosas en marcha.
Ahora, en cuanto al tema de la edad. ¿Cómo se sienten los miembros más jóvenes cuando alguien como yo comparte sobre dolores de espalda o cómo aplicar los primeros tres pasos a la cuestión del envejecimiento? ¿Es necesario o apropiado abrir grupos dirigidos a miembros de NA «mayores» (de más de 40)? ¿Qué opinión tendrían los otros miembros o la confraternidad en su conjunto?
Me parece que la revista NA Way es el mejor foro para abrir una discusión sobre este tema en nuestra confraternidad mundial. Por favor, escribe para dar tu opinión sobre el tema, así tenemos una idea de cómo nos sentimos al respecto.
Ah, una pregunta, ¿me harán algún descuento para jubilados en la literatura de NA?
Jeff G., California
Así que me voy a trabajar. En el viaje a Modesto no pasa nada. Me subo al camión y me pongo en camino a Sacramento. Al llegar, bajo del vehículo y... ¡ay!, otra vez el dolor. Le cuento a un colega lo que me pasa y me recomienda dos antiácidos. No creo que me ayuden, pero de todas formas me los tomo.
No hay cambios. Todavía me duele aunque no tanto como al principio. Llamo a la oficina para decirles lo que me pasa y todo el mundo se pone muy nervioso. Les digo que no es un ataque al corazón (me duele el otro lado), pero da igual. Mandan un taxi a buscarme que me lleva al hospital. Lo primero que le digo al personal sanitario es que soy un adicto en recuperación y que se aseguren de que lo sepan todos los que me traten.
Nueve horas, montones de pruebas, análisis de sangre y radiografías hasta que me dejan con mi mujer, que ha venido en coche desde Stockon para ver cómo estoy. El médico me dice que he tenido un ataque de vesícula suave debido a sedimentos y cálculos.
Parece que los cálculos sólo pueden eliminarse mediante cirugía. Me han operado una sola vez en mi vida, cuando tenía siete años. No fue grave que me quitaran las amígdalas, pero esto es otra cosa. Soy un adulto y comprendo lo que significa una operación.
Me dicen que me ponga en contacto con el cirujano para preparar la intervención y me explican todas las buenas cosas que debo dejar (comida) hasta que todo haya pasado. No me puedo imaginar con un régimen sin grasas. Una de mis muchas adicciones es la comida poco saludable. (Hasta sueño con salchichas.)
Una de las primeras cosas que hago cuando llego a casa es ponerme en contacto con mi padrino. Gracias a lo que me dice, que me tranquiliza, y a que lo dejo en manos del Poder Superior, se calma el miedo que lentamente empezaba a apoderarse de mis emociones.
Al día siguente veo al cirujano que me confirma que no hay otra solución más que la extirpación de la vesícula. Fijamos la fecha de la intervención y me pongo en contacto con mi trabajo para avisar que estaré de baja durante varias semanas. Me ofrecen apoyo y me desean que mejore.
Desde la visita al médico hasta el día de la operación voy a un montón de reuniones y comparto abiertamente sobre mi miedo y lo que me espera. Otros miembros comparten su experiencia, fortaleza y esperanza y... sus oraciones. Una de las muchas cosas que he aprendido en recuperación es que se puede vencer el miedo si sé a qué le temo. Mi padrino no para de recordarme que no estaré solo, Dios estará allí cogiéndome de la mano. Buscar ayuda en mi Poder Superior me permite enfrentarme a mis miedos. Sólo tengo que tener confianza en su amor y en el proceso de recuperación, como lo llamamos en NA.
La operación sale según lo planeado, salvo que empieza
con tres horas de retraso. (El médico se demoró con otro
paciente.) Mientras espero, bromeo con el personal del quirófano,
que amablemente me explica todo el procedimiento y me muestra el instrumental
que van a emplear para quitarme la vesícula.
Después de la operación, cuando me despierto, estoy
otra vez en mi habitación. Mi mujer y mi padrino están conmigo.
Y, por supuesto, Dios también. Vuelvo a recordar la suerte que significa
tener a toda esta gente en mi vida actual, y a toda mi familia de NA.
El domingo por la mañana, varios adictos en recuperación vienen a ver cómo estoy después de la reunión del grupo de hombres. Uno de ellos me da una tarjeta firmada por todos mis hermanos de recuperación que estaban en la reunión. Me cuesta aguantar las lágrimas que se asoman mientras leo las notas que me ha escrito cada uno. En medio de la tarjeta está la frase: «Te queremos». Hasta el día de hoy no encuentro las palabras para expresar cómo me emocionó esa tarjeta, pero lo que sí puedo decir es que me quieren y soy afortunado.
Ese mismo domingo me dan el alta del hospital. Llamo a mi padrino para decirle que he llegado a casa entero. Me pregunta si me siento capaz de ir esa noche a una reunión. ¿Adivinan mi respuesta? ¡Sí! La gente se queda asombrada cuando me ve allí, pero es donde necesito estar. Gracias a dejar en manos de Dios el dolor que sentía, Dios se ha ocupado de quitármelo y dejar sólo el suficiente que puede aliviar una dosis de Tylenol. Una vez más este programa nos enseña que si soltamos la riendas y las dejamos en manos de un Dios bondadoso, Él nos ayuda a superar cualquier obstáculo de la vida.
El martes por la tarde ya no tomo nada para el dolor. No trato de decir que haya que sufrir. Si el dolor hubiera aumentado, no habría dudado en tomar algo recetado para calmarlo. No tengo por qué ser un mártir, pero el poder de la oración fue precisamente lo que el médico prescribió.
Mientras escribo esto me estoy recuperando de otra operación (vaya suerte la mía). Tantos años bebiendo, fumando y tomando lo que fuera le han pasado factura a mis dientes. Sé que ser responsable implica que debo cuidarme, así que he empezado a arreglarme los dientes. Como no tenía ni un sólo diente superior salvable, la única solución era extraerlos todos y ponerme implantes.
En todos estos años de recuperación jamás había pensado que iba a tener que recurrir a algo tan drástico como una operación en la boca . (¿A alguien le gusta realmente ir al dentista?) Una vez más, puse mi miedo en manos de Dios y compartí con los demás en las reuniones. No sabía que tantos adictos (lo siento, no pienso dar nombres) se habían tenido que poner dientes postizos. Un adicto que ayuda a otro es algo absolutamente sin igual.
Hace apenas cuarenta y ocho horas que me han operado y casi no me duele. Una vez más, todas las bendiciones, producto de trabajar los Doce Pasos, ser receptivo, querer aprender y compartir mis esperanzas y miedos con otros adictos del programa, me han ayudado a superar otro acontecimiento importante de mi vida. Sé que ya no tengo que enfrentarme solo a los desafíos de la vida, a menos que así lo elija, y, sólo por hoy, no lo elijo. Espero que mi historia ayude a quienes se enfrenten a algo similar a encontrar el valor necesario en las reuniones y en la confraternidad. Y si funciona para este trasto viejo en recuperación, estoy seguro de que puede funcionar también para ti.
Jeff B., California
Durante unos sesenta días, lo único que hice fue ir a reuniones y leer el Texto Básico (después de haberlo comprado a los veinte días limpio). Me esforzaba por mantenerme limpio y sabía que si quería avanzar tenía que hacer algo más que lo que había estado haciendo.
Le pregunté a alguien si quería ser mi padrino (gracias a Dios que catorce años después sigo teniendo el mismo) y empecé a hacer servicio. Ahí fue cuando de verdad empezó mi proceso de recuperación. Mi vida comenzó a mejorar progresivamente, sin prisa pero sin pausa. Me había olvidado de todas las cosas que mi enfermedad me decía sobre la edad: que era demasiado mayor para dejar de consumir, etc.
Un día, cuando llevaba unos dos años limpio, me miré al espejo. Ese joven arrogante y gallito de veinticinco años ya no estaba allí mirándome. Me dije: «¿Dónde se han ido todos estos años. Has desperdiciado tu vida». Pero inmediatamente tuve otro pensamiento: «Vaya, será mejor que aproveches el hecho de estar limpio y vivas lo mejor que puedas según tu capacidad y circunstancias».
A medida que pasaba el tiempo, empecé a experimentar todos los signos de la edad: el pelo cada vez más canoso, cada vez más calvo, menor capacidad para el deporte, dolores por las mañanas y, lo peor de todo, cuando iba a alguna fiesta de NA y miraba la pista de baile, tenía que reconocer que, para esas chicas jóvenes, era transparente, ni siquiera notaban que existía.
Empecé a tener algunos problemas de salud. Cuando llevaba ocho años limpio me diagnosticaron una enfermedad hepática que podía ser mortal al cabo de un tiempo. La semana de mi noveno aniversario acabé en el hospital, tras dos infartos.
Durante los siguientes años entraba y salía con frecuencia del hospital. Estaba gravemente enfermo y al final tuvieron que hacerme un transplante de hígado. A veces pensaba: «Aquí estoy, con más de cincuenta años y todos estos problemas de salud, entrando y saliendo del quirófano... ¿En esto consiste mi vida?»
Pero mi desesperación nunca duraba mucho. En realidad, nunca había vivido mejor. Acercarme varias veces al final del viaje me ha hecho darme cuenta de qué es lo más importante. La vida es tan valiosa y estoy tan agradecido a NA por mostrarme cómo vivir.
Por lo general es bastante fácil trabajar «un buen programa» cuando todo va bien. Para mí, la auténtica belleza de la recuperación, la que demuestra cómo funciona este programa, es la que he visto en mis horas más oscuras. Durante toda la confusión que conlleva envejecer, he contado con un don que me ha impedido rendirme: el programa de Narcóticos Anónimos y todo lo que entraña practicarlo: los Doce Pasos, un Dios bondadoso tal como yo lo concibo, el servicio y una confraternidad cariñosa (todos ustedes). Jamás hubiera llegado tan lejos sin el amor de mi Poder Superior y de la confraternidad.
¿Envejecer? Gracias a NA he podido hacerme mayor con gracia (y gratitud). Y he podido hacerlo porque incluso cuando estoy enfermo, sigo yendo a las reuniones, leyendo literatura de NA, apadrinando a otros hombres, haciendo servicio y, quizá más que ninguna otra cosas, sigo intentando mejorar mi contacto consciente con el Dios que yo concibo.
¿Quién hubiera pensado que iba a estar vivo a esta edad, y limpio? Siempre y cuando siga en recuperación, envejecer no es tan malo.
Anónimo
Para que estudiemos tus posibilidades, rellena el formulario de curriculum de servicio y envíanoslo. Puedes pedir un ejemplar de solicitud para la Reserva Mundial (y más información) a la Oficina de Servicio Mundial o bajarte el formulario en nuestra dirección de Internet.
Antes de la próxima Conferencia de Servicio Mundial, el Panel de Recursos Humanos (PRH) se pondrá en contacto con los candidatos cualificados y les informará de los requisitos específicos para servir en la Junta Mundial, sus comités u otros puestos de servicio, tales como los de cofacilitadores de la CSM o en el mismo PRH.
Para poder considerar adecuadamente tu solicitud a la Reserva Mundial antes de la CSM 99, tendríamos que recibirla a más tardar el 1 de enero de 1999.
En servicio,
Panel de Recursos Humanos
Servicio
Con las medidas tomadas en la Conferencia de Servicio Mundial 1998, las cosas empezarán a ser de esta manera. Antes, había una junta electa por la Conferencia de Servicio Mundial (CSM) que dirigía la Oficina de Servicio Mundial (OSM). También había otra junta, la formada por custodios. Esta última no se ocupaba de la oficina, pero sus miembros dirigían a algunos empleados en proyectos y tareas de los cuales eran responsables, proyectos, a su vez, que les habían sido asignados por la CSM. La CSM, además de encomendar proyectos a los comités de custodios, también los encomendaba a los comités permanentes de la CSM. A menudo, los comités de custodios y los comités de la conferencia tenían dificultades para saber quién debía tomar qué decisión, y, con mayor frecuencia aún, se encontraban repitiendo los mismos trabajos. Había una Corporación de la Convención Mundial, un Comité Mundial de Traducciones, una Junta Editorial de la revista NA Way. Y además de todo esto, también teníamos un Comité Administrativo de la CSM que estaba a cargo de supervisar todo, y un Comité Interino que debía tomar las decisiones cuando la CSM no estaba en sesión.
¿Confuso?
Sí, por lo menos para la gente que trabajaba dentro de ese sistema. Por lo tanto, después de años de preparación y discusión, la conferencia decidió combinar y aglutinar los diferentes organismos de servicio en una sóla organización: Servicios Mundiales de Narcóticos Anónimos, SMNA [NAWS, en inglés] como ya se ha empezado a abreviar.
Esta unificación permitirá coordinar el proceso de
prestación de servicios a los miembros, grupos, y comunidades locales
de NA. Esperamos que no haya interrupción en la rutina de prestación
de servicios a la confraternidad.
Si quieres más información sobre lo que se decidió
en la Conferencia de Servicio Mundial, puedes solicitar un ejemplar del
informe resumido de la misma.
El siguiente material fue preparado por el disuelto Comité de IP de la CSM para ayudar a los miembros que hacen trabajo de información pública.
Introducción
Establecer relaciones personales con profesionales del campo terapéutico
es una actividad que los comités locales de IP suele descuidar.
Muchos adictos llegan porque los envía algún profesional
del terreno social o del sistema judicial. Pero para que esos profesionales
manden adictos, deben conocer NA y tener confianza en que las personas
que nos envían reciban la ayuda que necesitan.
Ambos elementos son importantes. Es evidente que nadie puede mandarnos adictos si no sabe que existimos, pero por otro lado, nadie va a mandar adictos a Narcóticos Anónimos si conoce nuestra confraternidad pero nos considera una pandilla de irresponsables. El contacto personal continuo ayuda mucho a aumentar las expectativas y mejora el grado de confianza de los profesionales.
¿Quiénes son los
profesionales?
¿Con qué profesionales debemos hablar? Sus títulos
varían de un país a otro, pero en esencia son personas que
por su trabajo tienen contacto con drogadictos que necesitan recuperarse.
Se trata, entre otros, de:
¿Qué decir?
El objetivo de este contacto es dar a los profesionales una breve
explicación de lo que es NA, una lista de reuniones y, quizás,
algunos folletos informativos. Un malentendido habitual entre los profesionales
es la noción de que «NA es igual que AA pero para las drogas».
Podemos corregirlo haciendo hincapié en que en NA nos recuperamos
de la enfermedad de la adicción, no de una sustancia específica.
Esto queda muy claro en nuestro Primer Paso: «Admitimos que éramos
impotentes ante la adicción, que nuestra vida se había vuelto
ingobernable».
Después, podríamos preguntarles si quieren que llevemos un panel de presentación, o alguna otra cosa. Luego, los escuchamos. Si podemos ayudar y las tradiciones lo permiten, fantástico. Si no, explicamos las razones lo más sencilla y sucintamente posible. La mayoría de la gente está preparada para oír un «no» como respuesta a un pedido y, francamente, prefieren oírlo lo antes posible. Especialmente prefieren un «no» antes que un «sí» que luego no se cumpla. Pero lo más importante es que hagamos (lo mejor que podamos) lo que prometemos.
Mantener un orden
Hagamos fichas de los individuos a los que veamos, con nombres e
información de contacto, detalles relativos a la conversación,
materiales que les dejamos y la fecha. Esta información resultará
muy útil para determinar cuándo hay que hacer un seguimiento
con una nueva visita. También le resultará muy útil
a los futuros miembros del comité de IP que se pongan en contacto
con esos profesionales.
Esta información también servirá para poner al día y aumentar nuestra base de datos de profesionales para mandar correspondencia, faxes e información futura.
Precauciones
A diferencia de los paneles de IP, que nunca debemos hacer solos,
las llamadas y las visitas personales muchas veces son realizadas por una
sola persona. Si es así, lo importante es que sea breve y vayamos
al grano. Si es posible, no nos embarquemos en largas conversaciones sobre
NA. Se trata sólo de una introducción. Invita al profesional
al próximo panel de IP o a una reunión donde haya otros miembros
de NA para responder a las preguntas de los profesionales. Recuérdale
que NA es una confraternidad muy grande y que tú sólo eres
un servidor de confianza. Es importante que los profesionales entiendan
que no tenemos «jefes».
Aquí hay un modelo de formulario que se puede rellenar para mantener los contactos profesionales:
Modelo de formulario de contacto de IP
Servidor de confianza: _______________________________________________________
Fecha:____________________________________________________________________
Organización:______________________________________________________________
Teléfono:__________________________________________________________________
Nombre de contacto:_________________________________________________________
Fax:_______________________________________________________________________
Dirección:__________________________________________________________________
Email:_____________________________________________________________________
Motivo del contacto
[_] Introducción
[_] Seguimiento
[_] Lista actualizada de reuniones
[_] Otro
Materiales enviados o dejados
[_] Paquete de introducción
[_] Folleto informativo
[_] Lista actualizada de reuniones
[_] Folletos de convenciones, eventos
Comentarios:____________________________________________________________________
_______________________________________________________________________________
_______________________________________________________________________________
Los siguientes ejemplos ficticios ilustran algunas de las preguntas que a lo mejor te hace un profesional cuando te pones en contacto con él y sugieren algunas formas de responderlas:
(ring... ring... ring...)
Profesional: Centro de Tratamiento Tal. Hola, soy Juan Consejero. ¿En qué puedo ayudarlo?
Servidor de confianza: Hola, Juan, soy __, adicto en recuperación de la Confraternidad de Narcóticos Anónimos. Estoy llamado a profesionales del terreno de las drogodependencias para hablar sobre NA, responder a cualquier pregunta que tenga y enviarle literatura que pueda dar a sus pacientes para ayudarlos a recuperarse de la enfermedad de la adicción. ¿Le va bien que hablemos ahora o prefiere que lo llame en otro momento?
P: Ahora tengo un rato libre. ¿Qué es exactamente Narcóticos Anónimos?
SC: Le haré una breve descripción. Somos una confraternidad sin ánimo de lucro de hombres y mujeres para quienes las drogas se habían convertido en un problema grave. Nos reunimos regularmente en grupos informales para compartir nuestra recuperación y explicarnos mutuamente cómo hacemos para mantenernos limpios. Es un programa de abstinencia completa de todo tipo de drogas. Cualquiera puede unirse a nosotros; el único requisito es el deseo de dejar de consumir.
P: Qué interesante. Podríamos quedar para hablar en otro momento con más tiempo. ¿Qué le parece?
SC: Perfecto, yo suelo pasar a visitar gente los miércoles. ¿Le va bien a la una?
P: Muy bien. ¿Sabe dónde está mi oficina?
SC: Sí, tengo la dirección. ¿Pregunto por usted en recepción o voy directamente a su oficina?
P: Suba directamente, está en el tercer piso, oficina 339.
SC: Muy bien, hasta el miércoles.
P: Adiós, hasta el miércoles.
P: Hola.
SC: Hola, soy____, hablamos por teléfono sobre Narcóticos Anónimos y quedamos en vernos hoy.
P: Sí, adelante. Encantado de conocerlo. ¿Qué tal está?
SC: Muy bien, gracias. ¿Y usted?
P: Muy bien. Me resultó muy interesante lo que me explicó por teléfono. Le agradezco la molestia de haber pasado a verme. ¿Cuál es exactamente su puesto? ¿Es usted terapeuta?
SC: No, nosotros no tenemos terapeutas. Casi todos los puestos se cubren voluntariamente. Dentro de la confraternidad nos llamamos «servidores de confianza». Mi responsabilidad es presentar Narcóticos Anónimos a profesionales como usted, responder cualquier pregunta que tenga y ver si NA puede resultarle útil en algo.
P: NA se parece bastante a AA, ¿no?
SC: Me alegro que me lo pregunte. Nuestro programa es similar a AA en cuanto a que también seguimos los Doce Pasos y las Doce Tradiciones, pero en lugar de centrarnos en una droga en particular nos centramos en la recuperación de la enfermedad de la adicción, un concepto que abarca todas las drogas, incluido el alcohol.
P: Ah, comprendo. ¿Cuántas reuniones tienen en la zona?
SC: Aquí en la ciudad tenemos__ reuniones por semana, y en la provincia (o estado, país, etc.), __ reuniones por semana. Le he traído una lista de nuestras reuniones locales y otra de todo el país (o estado, etc.). Las actualizamos cada tres meses. Si le parece bien, le puedo mandar la nueva cada vez que salga.
P: Sí, sería muy útil
SC: De acuerdo, lo incluiré en nuestra lista de correspondencia. Si quiere también podemos mandarle regularmente información por fax sobre convenciones, bailes y actividades que organiza nuestra confraternidad.
P: Me parece una idea excelente. El número es el 555-5555. Estaba buscando actividades sociales en un ambiente de recuperación para mandar a mis pacientes.
SC: También le he traído un poco de literatura de presentación: la Guía de Introducción a Narcóticos Anónimos y algunos folletos informativos.
P: Muchas gracias.
SC: ¿Puedo hacer algo más por usted?
P: Bueno, en realidad me gustaría que vinieran a hacer una presentación para mis pacientes. ¿Es posible?
SC: Sí, no hay ningún problema. ¿Por qué no viene a nuestro próximo panel de presentación para profesionales? Está fijado para ___ en___. Aquí tiene un folleto de invitación. También tenemos un vídeo que se puede solicitar en nuestra Oficina de Servicio Regional, llamado «Sólo por hoy». Aquí tiene una hoja de pedido con la dirección y el teléfono. Si quiere que venga un panel de miembros de NA a hacer una presentación ante los pacientes del centro, tengo que hablar con el comité que se ocupa de organizarlo. Tenemos una reunión dentro de dos semanas. Lo llamaré a la semana siguiente para que veamos las posibilidades de fechas.
P: Se lo agradezco mucho.
SC: Ha sido un placer conocerlo. ¿Me puede dar el nombre de colegas suyos que puedan tener interés en que nos pongamos en contacto con ellos?
P: En realidad me gustaría que hablara con mi jefe. Creo que tendrá mucho interés en ver qué otros recursos hay en esta zona.
SC: Perfecto, lo llamaremos. Uno de los folletos que le he dado, se llama «NA, un recurso en su comunidad». ¿Podría hacérselo llegar y decirle que lo llamaré?
P: Por supuesto.
SC: Muy bien. Ha sido un placer. Mi comité y yo esperamos que éste sea el principio de una larga colaboración.
P: Yo también lo espero. Buenas tardes.
SC Adiós, buenas tardes. v
Querido Slim de HeI:
Mi región organiza habitualmente talleres de HeI; a veces,
hasta dos por mes. Usamos el Manual de HeI y de vez en cuando invitamos
a funcionarios del Departamento Penitenciario del Estado para que respondan
a preguntas sobre sus respectivas instituciones. Mi pregunta es la siguiente:
como hacemos tantos talleres, ¿qué otros recursos podríamos
utilizar para que fueran más informativos e interesantes?
En busca de más información
Querido En Busca:
Antes que nada, permíteme felicitar a tu comité
y a tu región por el trabajo de llevar el mensaje a través
del servicio de HeI. Tienes razón, nuestro Manual de HeI es la mejor
fuente de información, pero también hay otras. El casete
que viene con el manual es excelente [disponible sólo en inglés].
Se puede poner en un taller o los miembros de un panel lo pueden escuchar
de camino a la institución. También hay varios boletines
relacionados con HeI, los dos más nuevos son «Men with Men,
Women with Women» [Los hombres con los hombres; las mujeres con las
mujeres] y «HeI Meetings in Methadone Clinics» [Reuniones de
HeI en clínicas de metadona].
Además, se puede solicitar en la OSM material extraído de los paneles simulados, organizados por miembros del Comité de HeI de la CSM.
Slim de HeI
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Estoy en HeI desde que llevaba treinta días limpia. No puedo expresar con palabras lo que siento cuando hago servicio de HeI. La humildad y la gratitud superan lo que las palabras pueden describir. Tengo un apetito insaciable de servicio y recuperación. Si no hubiera sido por HeI, no sé dónde estaría hoy en día: en la cárcel, en un hospital o muerta. Estoy agradecida de verdad.
He aprendido que lo que realmente me ayuda a pasar el mensaje en los paneles de HeI es llevar el Texto Básico conmigo. El mensaje que trasmitimos procede del Texto Básico y no cambia. Como no sabemos el resultado que tendrá nuestro Duodécimo Paso, si hacemos referencia al Texto Básico, no corremos el riesgo de equivocarnos. Cuando estoy en un panel de HeI y nadie del panel consigue identificarse con la historia personal de un adicto en particular, lo que tenemos que hacer es remitirnos al Texto Básico. Ayuda a que todos los adictos nos sintamos «parte de» y a que dejemos de centrarnos en las diferencias que hay entre nosotros.
Cuando llegué a la recuperación era agnóstica. A los treinta días limpia, tuve la bendición de ver a mi Poder Superior en la convención mundial de Baltimore, Maryland. Durante el concierto al aire libre del anfiteatro, mi PS se me apareció y me habló. Me preguntó si estaba preparada para rendirme. Le dije que sí y entonces no paró de repetirme: «Eres libres. Te has rendido. No tienes nada que temer». (Aclaro que me sucedió cuando ya había terminado de desintoxicarme.)
Desde entonces no sólo he quedado en libertad de la obsesión
de consumir y de la prisión mental que yo misma me había
construido, sino también de la degradación y la desesperación
que produce. Como consecuencia, mi fe sigue creciendo.
Por la presente autorizo a World Service Office, The NA Way Magazine, sus sucesores, cesionarios y quienes actúen en su nombre a publicar el material original que se adjunta, titulado:
Acepto que este material pueda corregirse y publicarse en otras revistas de la confraternidad de NA. Otorgo esta autorización con plena capacidad legal y por la presente eximo a World Service Office y NA Way Magazine de toda responsabilidad hacia mí, mis sucesores y cesionarios.
Firma: ____________________________________
Fecha: ____________________________________
NUEVOS PRODUCTOS
DE LA OSM
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Miracles Happen: The Birth of Narcotics Anonymous in Words and Pictures Suceden milagros:
Este libro ilustrado a todo color de 112 páginas relata el
nacimiento de Narcóticos Anónimos.
Las imágenes: Fotos de los documentos históricos. Desde el acta de la primera reunión hasta los primeros ejemplares de literatura; reproducciones de calidad que nos permiten vislumbrar nuestras raíces. Item nº 1120 Precio: US$ 24,95 |